¡Qué  extraño!
Veo tú número y no cojo el teléfono.
Así, una,  dos y hasta  diez veces,
un día, tres y más.
Al fin respondo...
Que tu nunca me llamas
en horas de rutina,
no vayan a pillarte.
Charlamos, nos reímos,
decimos bagatelas
sin hacernos preguntas.
Son las diez de la noche.
¡Qué extraño!.
Llamaste ¿para qué?

Montse Grao


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