La noche ha sido larga,
el alcohol se ha hecho dueño
de las almas dormidas,
y un loco desenfreno
ha sembrado la atmósfera.
Allá, unos ojos teñidos
de colorante etílico,
intentando comprar
algo que no está en venta.
Al otro lado, el vértigo
que lleva el desengaño.
Los labios doloridos de una amante,
el despecho cruento
de una pasión que nació sin destino.
Ya se apagan las luces,
se escucha el gimoteo en las almohadas.
En el jardín, dos náufragos
abren sus manos hacia la amanecida.
Se entienden, se confiesan,
se entregan sin tapujos,
y encuentran el secreto
de hacer más llevadero su camino.
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