UNA MANO NEGRA

PERDEREMOS TODO


Recuerdo que allá por los primeros años setenta, cuando el dictador tenía al país continuamente en estado de excepción, cuando los grises daban a diestro y a siniestro, cuando la libertad era un hito y la palabra democracia estaba prohibida. Cuando el sindicalismo no era más que la verticalidad de los “sectores franquistas”, cuando había un despido, procedente o improcedente, al llegar al sindicato del sector para el acto de conciliación, ante la más mínima duda, casi siempre se daba la razón al trabajador.



¿Dónde estamos? Con esta reforma laboral, no sólo el trabajador dejará de tener razón para siempre, si no que no tendrá ni siquiera el derecho a la pataleta. Hemos retrocedido casi cincuenta años, y esto es un sin vivir, porque digo yo, ¿puede haber empresarios con un mínimo de ética si se dejan representar por un fulano que no sólo ha llevado a sus empresas a la bancarrota, sino que además ha evadido impuestos , ha dejado de pagar sueldos a los trabajadores y campa por sus respetos con todos los honores que el gobierno, la oposición y los sindicatos le otorgan, ya que éstos se han sentado a su mesa.

El hecho de que los sindicatos dejaran con el culo al aire a los funcionarios y pensionistas el pasado 8 de junio, el hecho de retrasar la huelga general tres meses y cuando la ley se ha puesto en marcha, ha podido incidir para que los trabajadores estén con una apatía brutal, pero ¿a qué jugamos? ¿Quién gana con todo esto? Desde luego el trabajador no.

Algunos curritos, con un contrato indefinido entre los dientes, piensa que la ley no les va a afectar, y no saben que un cambio de legislación afecta a todos, y que mañana le pueden despedir, porque la empresa augure un año 2011 sin ganancias, y por supuesto con una indemnización irrisoria, que parte de ella irá a cargo del FOGASA, o sea de todos los trabajadores en activo.

Esta es la reforma laboral. Dicen que no contenta a nadie, porque los empresarios hubieran querido que el despido les supusiera un coste cero, porque es la reforma laboral de la ultra derecha y es la que le hubiera gustado hacer a la oposición y porque afecta a todos los currantes, incluídos los funcionarios, que ya hemos sufrido una considerable bajada de salarios.

Pero la manipulación está en la calle.

Es cierto que la huelga se ha programado tarde, es cierto que los sindicatos mayoritarios no tenían que haberse sentado a negociar con Díaz Ferrán, pero lo que se debe plantear es lo siguiente:

¿Hay motivos? Los hay y muchos.

¿Por qué se ataca solamente a los sindicatos? ¿acaso no son los representantes de los trabajadores? ¿acaso cuando hay un problema en una empresa no está el representante sindical dando la cara por el trabajador? ¿Queremos volver a los años cincuenta? ¿No sería mejor salir todos a la calle y no sólo un día, sino los que hiciera falta?

¿Es que nos queremos cargar el estado de derecho? ¿lo que tantos años nos ha costado conseguir?

Creo que la mano negra se está frotando las manos con la pasividad de los trabajadores. Creo que si esta huelga la perdemos, habremos perdido décadas de lucha por nuestros derechos.



Creo que si nos cruzamos de brazos, esto será sólo el principio.



Montse Grao, funcionaria y delegada sindical por CCOO: