Para mi querida Pinocho

Eran años de cambios, la modernización en la red. Lo que nació en la segunda mitad del siglo 20, fue extendiéndose sin remisión al comienzo del siglo XXI, y la proliferación y guerra de las tarifas planas, hicieron el resto.
El caso es que miles y miles de personas, accedimos a la www avanzando ante la sorpresa del aquí y ahora, aunque estuvieras hablando con las antípodas. Pese a ello, internet tenía un sambenito que todavía no se ha quitado de encima, y era el del engaño. El conectarse a la red en el tiempo de ocio, era sin lugar a dudas, para mucha gente, más peligroso que la heroína, ya que la mayoría de la gente que se conectaba era depravada con claras intenciones de engañar a los demás.
Quedar y conocerse por medio de la red, para los profanos, que era la mayoría, fue una temeridad, ya que internet se había llenado de asesinos, violadores, estafadores y cosas aun peores.
Cierto que el anonimato hacía de las suyas, pero no tanto como ahora, que la red se ha extendido al mundo entero.
El entretenimiento en la red, lo disfrutamos en principio, bien personas que tenían internet en el trabajo, o quienes pudimos comprar un ordenador y pagar una tarifa plana, bastante más cara que hoy en día. Por lo tanto, la mayor parte de los usuarios, solían ser gente administrativa con cierto nivel intelectual (digo la mayor parte), y para sorpresa de todos, una inmensa mayoría de hombres que accedían a los chats de ligue, eran gente de bien, honorables casados, y responsables maridos y padres de familia, que sin necesidad de quitarse el aro, prometían vidas intensas a pardillas recién separadas o solteras de la generación X.
No voy a negar que también se aprovecharan de esas promesas, mujeres aburridas que sólo querían divertirse.
Esta nueva forma de “vivir la vida”, destrozó más corazones que nunca, convirtió la mentira cotidiana de muchos matrimonios en algo llevadero, gracias a esos amores inconfesables que les habían devuelto una ilusión virtualmente, y mientras algunos, hacían cibersexo disfrutando de un onanismo compartido, otros , (conozco a alguno) llevaron sus deseos y la más explosiva imaginación al lecho conyugal para su desahogo, para sorpresa del consorte de turno y una alegría ficticia, incluso por qué no, compartida por ambos.
Y la red, tan denostada, tan vilipendiada, tan crítica con solteros, divorciados y viudos, se convirtió una vez más en la coartada perfecta de infidelidades sin necesidad de salir de casa.
Hasta yo me enamoré de un tal viudo, que al final resultó más casado que ninguno.
Pero hubo momentos mágicos, momentos mágicos, que hoy, todavía siguen existiendo, y para todo aquel primerizo que accede a esta red, que sigue siendo fantástica y milagrosa, que te permite hablar a tiempo real, viéndote las caras, con alguien que está en el otro extremo del mundo.
Aquella proliferación de foros temáticos, donde encontrabas un espacio para compartir tus aficiones, organizando kdds con gente afín, sofocando soledades, apagando lágrimas y multiplicando risas.
Y yo, en ese tiempo en que el mundo estaba tan revuelto como ahora, en ese momento en que los ricos se hacían con las arcas desencadenantes de esta crisis sin salida, encontré un rinconcito donde compartir palabras. Y todavía, pese a los años (ya van para 7), conservo amigos, que serán para siempre porque siguen iluminando mis horas.
Y allí te encontré a ti mi querida niña. Tú me leías, yo te leía, y un día “todavía no sé santo de qué” vienes y me regalas una canción de Sabina, que yo te contesté con otra, y así fuimos sabineando hasta que nos decidimos a hablar, compartir correos, teléfono y más risas.
Esta niña que huía de conflictos, y que cada vez que había discusiones en aquel lugar, que era como la vida; ponía sus palabras para la paz.
Esta niña que robó mi corazón antes de mirarla a los ojos frente a frente por primera vez. La niña que mandó un ramo de rosas a la Biblioteca el día de la presentación de mi Desnuda.
Y a esta niña, la encontré ayer en un blog impensable, y por ella, me reconcilié con el mundo.