Sobre la sentencia de "la manada".


Debo confesar que no he leído la sentencia. No la he leído porque además de no haber tenido tiempo, no la he localizado, aunque tampoco he hecho mucho por encontrarla. Así que estas consideraciones las hago desde el desconocimiento de los razonamientos jurídicos de la misma.

Se dice en los mentideros judiciales, no todos, afortunadamente, que esta sentencia es una de las más duras que se han visto y que es una barbaridad. Las personas, juristas o no, que opinan así, hablan siempre desde el punto de vista de la defensa y nunca de la acusación, por tanto, no se ponen del lado de la víctima; ni siquiera muestran un atisbo de empatía hacia ella.

En mis años de funcionaria de justicia, de machaca mecanógrafa (eso decíamos antes, ahora se transcribe todo en ordenador) he visto cientos de abogados defensores (y nunca he estado en jurisdicciones penales), hablando de jurisprudencias, hechos objetivos, subjetivos, etc. Pero jamás, los he visto ponerse en la piel del otro. Es posible que en sus fueros internos lo hayan hecho, pero la empatía en los Juzgados brilla por su ausencia, no sólo entre abogados, procuradores, jueces, etc. Es que poco a poco, los funcionarios machacas nos volvemos insensibles ante tanta inmundicia, y eso nos coloca en una situación  equidistante ante las propias víctimas.

Somos capaces de observar un lanzamiento de desahucio con la misma frialdad a veces, que una violencia de género. Eso si, también ejercemos de verdugos ante denuncias reiteradas de gentes de a pie, que lo único que se les ocurre para defenderse de tanta indefensión es venir al juzgado a protestar o contarte su vida.

Ahora, yo desde esta atalaya que me permite escribir y decir lo que pienso, desde mi libertad, también ejerceré o trataré de ejercer,  ese derecho a convertirme en equidistante, aunque me cueste.
Veamos pues esa condena más larga o más corta, depende del cristal con que se mire que condena a los miembros de “la manada”.

Es posible y no lo niego que sea una de las sentencias condenatorias más duras que se hayan dictado. Nueve años de prisión son muchos años, no lo voy a negar, aunque entre recursos de aquí, de allá y buenos comportamientos, arrepentimientos posteriores etc, esos nueve años se puedan convertir en seis. De entrada ya llevan 21 meses de cárcel.

Pero no hablemos de los 9 años de condena y cinco de libertad vigilada, hablemos de la condena en sí, del motivo de la condena. Y es aquí donde no se puede ser equidistante. Con hechos probados, y todas las pruebas al parecer (ya digo que no he leído la sentencia) así como la denuncia de la víctima atentan contra  los arts. . 178, 179 y 180 del Código Penal:

Delitos contra la libertad sexual
CAPITULO I
De las agresiones sexuales
Artículo 178.
    El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, con violencia o intimidación, será castigado como culpable de agresión sexual con la pena de prisión de uno a cuatro años.
Artículo 179.
    Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal, introducción de objetos o penetración bucal o anal, la pena será de prisión de seis a doce años.
Artículo 180.
    Las anteriores conductas serán castigadas con las penas de prisión de cuatro a diez años para las agresiones del artículo 178, y de doce a quince años para las del artículo 179, cuando concurra cualquiera de las siguientes circunstancias:
1.ª Cuando la violencia o intimidación ejercidas revistan un carácter particularmente degradante o vejatorio.
2.ª Cuando los hechos se cometan por tres o más personas actuando en grupo.
3.ª Cuando la víctima sea una persona especialmente vulnerable, por razón de su edad, enfermedad o situación.
4.ª Cuando el delito se cometa, prevaliéndose de su relación de parentesco, por ascendiente, descendiente o hermano, por naturaleza, por adopción o afines de la víctima.
5.ª Cuando el autor haga uso  de  medios  especialmente peligrosos susceptibles de producir la muerte o cualquiera de las lesiones previstas en los artículos 149 y 150, sin perjuicio de la pena que pudiera corresponder por la muerte o lesiones causadas.
    Si concurriesen dos o más de las anteriores circunstancias, las penas previstas en este artículo se impondrán en su mitad superior. 

         Pero los jueces sentenciadores (a excepción de uno de ellos) aun reconociendo los hechos, se han basado en los art. 181 y ss. Referentes a los abusos sexuales. Ni siquiera han tomado como delito con intimidación el robo del móvil de la víctima.

        Pues bien, y ahora dejo la equidistancia para otras, porque yo, ya llevo rato con la náusea en el estómago a punto del vómito.

        Lo que denigra a la víctima en particular y a todas las mujeres en general, no es sólo la cantidad de años de condena, que también, si no en motivo por el que se les condena. Está claro que fue agresión sexual, con intimidación, acceso carnal con penetración bucal y anal, cometido por más de tres personas que actuaban en grupo.  Sin embargo, para no soliviantar demasiado al Magistrado González que pedía la absolución, han tirado por la calle del medio, olvidando así, que la víctima no es una cosa, que la víctima es una persona a la que han hundido la vida para siempre, y lo digo con asertividad. PARA SIEMPRE:  Porque pese a que el cerebro humano sea capaz de procesar las mayores salvajadas y aparcarlas en lo más recóndito de la memoria, entre otras cosas porque no se podría vivir recordando siempre esas terribles vivencias, esa experiencia se queda siempre en standby, para aflorar de vez en cuando al exterior abriendo las heridas constantemente, y ese mal interno, se sobrelleva como se puede, hasta que una se hace mayor, y entonces los recuerdos afloran abriendo cicatrices, supurando las heridas cada vez más, hasta volverse machaconamente triste.

No, lo que importa no son los años de condena, lo que denigra, lo que deteriora, lo que aterra es el motivo de la condena. Es el saber que otra vez el machismo imperante en nuestra sociedad, dictado al albur de unos jueces, abogados defensores, etc. Y con la aquiescencia de una parte de la sociedad, incluidas mujeres, que hay que tener cuajo,  ha ganado la partida ante una aberración cometida a una mujer. Y aunque hoy, hemos salido a la calle miles y miles de mujeres a gritar que estamos con la víctima, que nosotras la creemos, y nos han acompañado cientos de hombres que se sienten asqueados de tanta injusticia, yo con las lágrimas aflorando en mis ojos, hoy me vuelvo a sentir perdedora. Perdedora como persona, y como mujer, perdedora como sociedad que no avanza, perdedora en la igualdad de derechos, perdedora ante el silencio y el miedo que hemos tenido en nuestra generación y el miedo que siguen teniendo nuestras hijas, nuestras vecinas, nuestras hermanas. Y todo ello, por ser mujer, porque hay una sociedad llena de cafres machirulos que se creen con derecho a agredirnos, violarnos y matarnos, y repito, con el beneplácito de otros y otras cafres, que miran hacia otro lado, y que además los defienden.


La línea imaginaria


La línea imaginaria
que divide tus horas de mis horas
se está haciendo tan grande
que para recordarte
he rebuscado archivos
para encontrar el selfie
que nos hicimos juntos.
Y a pesar de que entonces
nuestros ojos curiosos
se habían encontrado
con la voracidad de una pasión posible,
debajo de la niebla
sólo se ven dos rostros deslucidos.
La línea imaginaria
que divide tus horas de mis horas
devora los recuerdos y las fotografías.



De "Mis dedos anárquicos"

Montse Grao.  Edita "La Casa de Zitas"

La ciudad


La ciudad amanece dormida,
no hay bosques en las calles
ni sangre en el asfalto,
las máquinas metálicas,
con bestiales rugidos,
desdibujan el silencio nocturno
y enturbian la quietud de las pestañas
de  zombis caminando a toque de semáforo.
Es un día cualquiera,
pudiera ser un lunes,
porque el parque vacío
aún tiene en su regazo los juegos de los niños,
montones de colillas,
y el sello inconfundible que dejan los amantes
en un río de besos, de caricias y sexo.



De "Mis dedos anárquicos"

Montse Grao. Edita "La Casa de Zitas"

MUERTOS



Hay muertos,
miles de muertos,
millones...
En los parques,
en las aceras
y en los hospitales.
Todo se llena de muerte
sudor y calimocho.
Las noticias son muerte,
muerte contranatura,
por hambre y por sed de justicia.
Muerte inmoral,
carente de principios.
¡Muerte!

Sólo un grito en la calle,
miles de gritos,
millones...
desesperados contra tanta muerte.

Y al final
                Una fosa común.


De "Mis dedos anárquicos"
Montse Grao.  Edita "La Casa de Zitas"


repetido

ZIG-ZAG




Por un lado la vida
me enseña los caminos explorados
para pisar con fuerza
y encontrar esa luz
que devuelve a las cosas la cordura.
Por otro lado el miedo
desdibuja el sendero
que nunca he recorrido.
Me deslizo entre brumas y el silencio
me envuelve en su locura.
Dos pasos adelante
y regresan los recuerdos.

Sé que estoy bien y luego,
otra vez esa angustia
que presiona el cerebro.

En un zigzag de vértigo
me pierdo con las dudas

De "Mis dedos anárquicos"
Montse Grao- Edita: La Casa de Zitas.


repetido

De tanto caminar




De tanto caminar
entre piedras y desiertos baldíos
cerré mi corazón.
Lacrado para siempre
descuidé mis alarmas,
y tan tranquila estaba
que fui feliz conmigo.
De repente unos ojos,
una risa al descuido
y un sueño que despierta.
¡Ay, pero eres tabú!
¡Un cuadro peligroso!
¡Una esquirla en el viento!.

Antes de que me encuentre
desescombrando el aire,
regreso a mi letargo, amigo mío.

De "Mis dedos anárquicos"
Montse Grao. Edita "La Casa de Zitas"

Suavizante




No uso suavizante.
Un enorme prurito
apareció en mi piel a modo de tatuaje.
Un tatuaje asesino que intentó fumigar
la escasez de cordura que me queda
con el arma letal de los picores.
El perfume dulzón del suavizante
me provoca jaquecas,
andares inconexos
y una náusea inconclusa.
Y no, no uso suavizante,
será por lo que dicen que soy áspera,
será por lo que digo
que a mis años ya no lo necesito.



De "Mis Dedos Anárquicos"
Montse Grao. Edita. "La Casa de Zitas"


Antipoema


paco alberola

Érase una vez
un poema sentado en una silla
y una lámpara encendida
que alumbraba para el pobre de la esquina;
y un melón,
un melón acongojado
con problemas de conciencia colectiva;
selectiva era la vida en la oficina
—dijo el jefe—
porque aquí triunfa el más fuerte,
no el más alto, ni el más apto.
Yo los capto
al primer golpe de vista los distingo
esta no es vaca que interese
y es urgente estructurar, coordinar
y almidonar los cerebros
de la gente que progrese;
como dije, esta oficina
será campo del más fuerte.
Nos miramos con los lentes
la vista fija en el suelo
y la peineta en el pelo,
peineta que regalase el gerente
por los años de servicio, tantos años,
tantas peinetas que tienes.
Yo debí tragarme el chicle
porque al rato una sirena
aterrizó en la azotea, me taparon y de blanco
me llevaron en un carro manejado por dragones
y las nubes de colores presagiaban
una Nochebuena hermosa.
El médico amenazante, señaló
con su dedo más despectivo y sentenció;
pues se nos muere el imbécil
que tragó cinco pesetas de chicle,
se le pegaron las tripas
y al abrirlo le encontramos
calderilla en la barriga,
bolígrafos, borradores y manías.
Ya sé que ha venido el jefe
con su corona de flores
y mi sombra se pasea por el patio
con una vela encendida y con un lápiz.
Escribe sobre el cristal desconsolados poemas,
plegarias a Santa Gema y agua fresca
que fresquita baja hoy el agua por la azotea.
Hoy son aguas descarriadas, aguas de mala ralea,
agua que nunca bebieron, que no dejaron correr,
agua, que no has de beber.

Mi corazón está de luto,
acompañando a todos los 
Aurelianos Buendía 
esparcidos por el mundo. 
A todos los náufragos,
a los coroneles y a las putas tristes.
A la realidad desnuda
de palabras sin magia
y al amor que resiste las plagas.
Hace tanto que anunciaron tu muerte
que te creí inmortal.
Ahora presiento
cien años de soledad

                      sin ti.




Escrito el 18 de abril
Hay días o semanas
que lo dejaría todo.
Esos compromisos
nacidos de de mis huesos,
de ese mundo interior 
que me persigue.
Hay días o semanas
que me dejaría llevar
por la desidia, o quizá,
dedicaría el tiempo a no pensar.
Trabajo de oficina de 7 a 3,
a media mañana un cafelito
y después,..
Hace mucho tiempo
que no tengo despueses,
Hay días o semanas
que quiero regresar
a aquello de la lírica.

Montse Grao.